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martes, enero 24, 2023
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Le mataron a dos hijos en hechos de inseguridad: “Sigo adelante porque quiero justicia”

Nelli Dos Santos (63) perdió a Sebastián Rivas (35), en 2013, y a Alejandro Rivas (46), a fines de 2020, en La Matanza.

Nelli Dos Santos (63) creyó que ya no lo quedaban lágrimas. Fue después de llorar la muerte de su hijo Sebastián Rivas (37), asesinado de un balazo en el pecho, en mayo de 2013, para robarle una campera, en el límite de San Justo y Ciudad Evita, partido de La Matanza.

Pero el destino se volvería a ensañar con esta mujer, una verdadera Madre del Dolor: minutos antes de la última Nochebuena, mataron a su otro hijo varón, el policía bonaerense Rubén Alejandro Rivas (46), en un intento de entradera, delante de ella, en San Justo.

“Sigo adelante porque quiero justicia”, le dice a Clarín en la puerta de su casa, en Cabrera al 1300. En ningún momento se quiebra, ya tiene el cuero curtido por los golpes de la vida, lo que todavía sigue asombrando a sus tres hijas mujeres, de 41, 34 y 31 años.

Cada vez que pasa un auto por esta calle, las mujeres se sobresaltan. “¿Viene con vos? ¿Seguro?“, pregunta Nelli (63) a este cronista cuando estaciona una Renault Kangoo con vidrios polarizados y con el reportero gráfico Germán García Adrasti a bordo.

Los hermanos Alejandro y Sebastián Rivas, juntos, durante un recital de Madonna, en diciembre de 2012 en River.

Los hermanos Alejandro y Sebastián Rivas, juntos, durante un recital de Madonna, en diciembre de 2012 en River.

Por el primer homicidio fue condenado a prisión perpetua su autor. Pero por el caso del oficial de la Bonaerense, que investiga el fiscal Federico Medone, hay un solo detenido y al menos tres integrantes de la banda prófugos.

Esta madre sólo quiere que se haga justicia por la muerte de su hijo Rubén Alejandro Rivas, muerto delante de ella“, asegura Nelli, en tercera persona.

El crimen de Sebastián

Sebastián era vendedor ambulante. “Un tipo sencillo, un buscavidas, con corazón”, lo recuerda hoy su madre. El hombre solía ayudar a adictos al paco. El 9 de mayo de 2013, en la calle Ambrosetti, frente a la estación de trenes Justo Villegas, les llevó comida, como solía hacer. Se olvidó los tenedores y volvió a buscarlos, pero se topó con quien resultaría su asesino.

Che, no les des de comer a estos, si no no consumen, le advirtió Víctor Javier Zapata, quien según la madre de la víctima era quien les proveía las drogas.

Tienen hambre los pibes, dejalos que coman, replicó Sebastián.

Bueno, dame la campera que tenés… tanto que les das a los otros, dame a mí la campera.

No, es mi único abrigo, cómo te la voy a dar, dejá de joder, andá a comer vos también.

El posteo de Nelli Dos Santos, la madre del policía asesinado.

El posteo de Nelli Dos Santos, la madre del policía asesinado.

El diálogo terminó abruptamente: Zapata sacó un arma y le pegó un tiro en el pecho a Sebastián, papá de tres hijos (hoy de 23, 20 y 17 años), quien murió.

El menor de los chicos es autista. Todas las tardes, a las seis, se para en el living, mirando por la ventana, esperando que su papá llegue.

El crimen de Alejandro

Alejandro era el mayor de los cinco hermanos. Lo conocían como “Chatito”, ya que a su papá, también policía y fallecido en 2011 a los 57 años de una enfermedad repentina, le decían “Chato”, por su baja estatura.

“Me crié entre las armas”, admite Nelli, hija de un prefecto. Sabe en carne propia de la angustia que es ver a un familiar de una fuerza de seguridad salir de casa y tener miedo de no volver a verlo nunca más.

El 24 de diciembre pasado eran cerca de las siete de la tarde cuando Alejandro pasó a saludar a su mamá antes de ir a tomar servicio al juzgado en el que trabajaba en el traslado de detenidos.

El policía había ido a visitar a su primer nieto de dos meses, con la ropita que le había comprado para Navidad, pero no estaba. Entonces, algo “cabizbajo”, decidió saludar a Nelli. Se bajó de su Chevrolet Aveo blanco, con unos manteles con motivos navideños de regalo.

En el barrio hay alarma vecinal. A los delincuentes no los intimidó. Foto Germán García Adrasti.

En el barrio hay alarma vecinal. A los delincuentes no los intimidó. Foto Germán García Adrasti.

Yo quiero estar con mi mami“, le dijo. Se besaron y abrazaron en la puerta de la casa, mientras Caro, la perra labradora, salía a recibirlo. “¿Qué me iba a imaginar, querido, que iban a ser los últimos besos y abrazos que le iba a dar en vida a mi hijo, que iban a aparecer estos tipos a asesinármelo?”, se lamenta ahora la mujer.

“Estos tipos” eran cuatro jóvenes vestidos con bermudas que estaban en la esquina. Tres tenían armas de fuego y otro un bisturí o sevillana. Uno era Pablo Ariel Papadopulos (27), primo de Ricardo Emanuel, el joven que atropelló y mató al nene Isaac Sus (4) en el barrio de Flores días antes.

Alejandro, ese hombre tiene una pistola”, le advirtió Nelli a su hijo.

El oficial le ordenó a su madre que entrara a su hogar y se apoyó a esperarlos en el capot del Chevrolet Onix negro de su madre, que estaba estacionado sobre la vereda.

Quedate quieto, hijo de puta, estás puesto“, le gritó uno de los asaltantes. Cuando vio que Rivas iba a sacar su arma, agregó: “Ah, sos rati ,hijo de puta“. Allí arrancó un tiroteo infernal. Alejandro, que sufría del corazón y tenía dos by-pass, tiró 12 veces y se le trabó su pistola. Recibió cuatro balazos y murió en la puerta de la casa.

“¡Basta de tirarle, basta de tirarle!”, exclamaba despavorida Nelli, a quien le atravesaron la mano derecha de un disparo e hizo sonar la alarma vecinal, mientras los delincuentes la miraban y se le reían en la cara.

La mano de Nelli Dos Santos que fue herida por los delincuentes. Foto Germán García Adrasti.

La mano de Nelli Dos Santos que fue herida por los delincuentes. Foto Germán García Adrasti.

En la casa de arriba estaba su hija mayor, Vanesa, que se terminaba de duchar y creyó que estaban arrojando fuegos artificiales en la calle. El hijo de la mujer, de 9 años, se tiró al piso, asustado, mientras gritaba: “¿Qué pasa, qué pasa?”.

La mujer se asomó a la ventana y uno de los delincuentes le gatilló, pero el tiro no salió. “¡Hija de puta!“, la insultó. Luego se escaparon en un Fiat Siena gris que fue visto después del crimen por la zona de Mataderos y desapareció misteriosamente.

“Acá había 22 vainas, Alejandro tiró 12 porque se le trabó el arma. Si hubiera tenido oportunidad de agarrar la pistola y disparar, lo hubiera hecho, pero me agaché para sostener a mi hijo”, cuenta su mamá.

“Además, si hubiese matado o herido a alguno, yo no podría estar viviendo acá, no tendría paz, porque ellos tienen derechos. ¿Y los míos quién los reconoce? ¿Mi dolor quién me lo paga?“, plantea.

Un dolor eterno

Nelli entró al baño con la mano sangrando a borbotones. Se la envolvió con una toalla y volvió a donde estaba su hijo agonizante. “¡Alejandro, despertá, hijo, no te me mueras hijo, por favor!”, gritaba.

El policía, que tenía tres hijos varones de 23, 21 y 18 años, falleció antes de que llegara la ambulancia. Se había casado con su segunda pareja después que un doctor se negara entregarle a la mujer un parte médico cuando lo operaron del corazón porque no era legalmente su esposa.

Hoy Nelli se mira la mano “deforme”, como dice ella, ya que la bala calibre 9 milímetros le afectó la movilidad de dos dedos y el recuerdo de lo que pasó aquel 24 de diciembre sobreviene instantáneamente.

“Me quedó un dedo fantasma, sensible, me duele cuando lo muevo, y el otro del medio que quedó corto, encorvado. Yo hago arte francés, pinto, intento hacer algo porque mi cabeza trabaja a mil”, dice.

Nelli Dos Santos (63) recibió un disparo en la mano derecha que le afectó la movilidad de dos dedos.

Nelli Dos Santos (63) recibió un disparo en la mano derecha que le afectó la movilidad de dos dedos.

“Cuando murió Alejandro, me prometieron el oro y el moro. Esto es como en el boxeo, están en el ring todos, pero cuando suena la campana hasta el banquito te sacan y arreglate sola“, asegura Dos Santos, que pide que aceleren la investigación y detengan a los cómplices de Papadopulos (se negó a declarar y está preso en una alcaidía de González Catán).

Rivas tenía 28 años de servicio y lo habían ascendido al grado de mayor seis meses antes del homicidio. Su sobrino de 9 años, que escuchó aterrado los tiros, todavía convive con el miedo. Los días posteriores al crimen no dejaba que sus padres salieran ni siquiera a comprar.

Mataron a mi tío-tío, el que más me quería“, se lamenta. Nelli completa: “Acá arruinaron a toda la familia, a mi hijo Alejandro lo vi morir y lo vi nacer. Ni siquiera pude ir al cementerio, me cuesta creer que está muerto. En seis años perdí a mi esposo, a un hijo y a mi madre, y ahora a Alejandro, es demasiado el dolor”.

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